Yucuaiquín es uno de los pueblos lencas salvadoreños, cuyo origen se remonta a la época precolombina. En idioma Poton, este toponímico significa “Tierra de Fuego”


PERSONAJE CÉLEBRE DE YUCUAIQUÍN

Prof. Carlos Alberto López Mendoza

Autobiografia Carlos Alberto López Mendoza - 16 de Octubre de 2011

Prof. Carlos LópezSoy el primogénito de una familia de once hermanos; si estuviéramos en los tiempos bíblicos se diría que nací con muchos privilegios.

Lo cierto es que mi infancia transcurrió en unos de los parajes más hermosos de la tierra salvadoreños. Yucuaiquín rebosaba de abundantes bosques, de fuentes de aguas cristalinas; de muchos pajaritos y de otras clases de animales silvestres. El clima en los años cincuenta del siglo XX, oscilaba entre los 24 y los 28 grados centígrados. Teníamos un clima delicioso, propicio para "fincas" y "solares" con abundantes frutos de muchas especies, unas ya extinguidas como el "guaycumo".

Como todo niño de aquella época jugaba con objetos del ambiente campesino: maromas; improvisados columpios colgados de ramas de árboles de mango; espadas de madera, olotes, bolas hechas de "corazón de Tule", huesos, varitas de "jalacate", hojas y frutas tiernas de plantas como el "Paraíso", "Saracundo", Semillas de Marañón, frutos de "Huesito", carrizos, hojas de cocoteros; trompos hechos a mano, capiruchos de bolitas de morros y espadas de madera; carretillas de varitas y tapaderas de botes de leche en polvo. Todo era ecológico. No se conocía el plástico ni ningún tipo de juguete eléctrico.

Fui el nieto predilecto de mi abuelo Rogelio, quien me recreaba la imaginación con narraciones de muchos Cuentos de "Las mil y una Noches" y con las hazañas caballerescas de Oliveros de Castilla y don Roldan, de "Los doce Pares de Castilla de Carlo Magno"; Obra literaria que le habían contado a mi abuelo y que el reproducía con muchos arreglos de su parte para darle más emoción a sus narraciones. Me narraba muchas leyendas y hazañas de valor y valentía de su juventud, que aún recuerdo con nostalgia. Me Adoctrinaba en la religión Católica narrándome a su manera muchos pasajes del "Éxodo" y de la vida de Jesucristo. A tal grado que fui un adolescente muy religioso. Rezábamos El Rosario todos los martes, a San Antonio; Mi abuelo Rogelio, mi abuelita Matilde y yo. Me confesaba y comulgaba el Primer viernes de cada mes. Para eso íbamos a pié a Jocoro, Bolívar y Santa Rosa de Lima. Cuando se le plantaba a mi abuelo nos quedábamos a comulgar los sábados, como ofrenda a La Virgen María.

La naturaleza me dotó de una memoria casi fotográfica, por lo que como estudiante obtenía en cada Grado el Primero o el Segundo lugar en las notas de fin de año, por lo que me premiaban con algunos regalitos, algunos de los cuales aún guardo.

Como si una Ada Madrina me guiara en la vida, en todo siento que me ha ido bien. Como venido del cielo me dieron una "Beca para un Seminario Menor de la Congregación de la Misión de los Padres Paulinos", en Guatemala. Esos días que estuve en La "Escuela Apostólica de Quetzaltenango", Guatemala; modelaron mi personalidad. Seis sacerdotes me enseñaron tantas actitudes buenas; tantos buenos modales que a ellos les debo mi vida feliz, en todos los aspectos. Gracias a estos insignes religiosos, no me siento extranjero en ningún lugar. En ninguna otra parte hubiera aprendido normas de urbanidad y etiqueta, básicas para la convivencia en cualquier comunidad. Aprendí a practicar valores morales y cívicos, que me han valido para darle honor a mi personalidad. Fueron los sacerdotes Misioneros Paulinos los que cultivaron mi amor por la lectura, que ha sido la herramienta principal para ser una persona bien definida en mis criterios y opiniones. Lo que pienso y creo es el resultado de la lectura de un gran número de libros, folletos, revistas, diarios, artículos, de diferentes temáticas y de todo tipo de corrientes ideológicas y religiosas.

Conocí a Rubenia mi esposa, presionado por un grupo de amigos que querían poner a prueba mi valor "ya como hombre" (era un adolescente) para declararle un amor que no sentía, a una muchacha a quien ni el nombre sabía, pues no había reparado en ella antes. Era desconocida para mí. Siempre me ha impresionado como mis amigos me condujeron hacia la persona que ha sido el complemento para una vida muy feliz.

Recientemente casado con Rubenia unos amigos me entusiasmaron para ir a buscar fortuna a Belice, y nos fuimos. Fue un viaje muy interesante; una aventura. Me fue muy bien. A tanto que el gobierno de Belice nos ofreció casa y tierra para trabajarla. La falta que me hacía Rubenia me hizo volver y que no me interesaran las ofertas beliceñas. Pensé regresar a Belice con Rubenia; pero desistí porque no creí convivir bien entre una población predominantemente de raza negra y muchos aborígenes, que tenían el idioma inglés como oficial y como dialectos el Mopán, kekchi, yucateco, el inglés creole y otros dialectos.


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